Thursday, December 01, 2005

Bauhaus (Palacio de los Deportes, 30.11.2005)

Para beneplácito de las peluchinas y pijamudas huestes darkies de la Ciudad de México, Bauhaus se presentó ayer por la noche por segunda ocasión en la capital, y, bueno, qué se puede decir: Bauhaus nunca han tenido problemas para sobrepasar -por el lado sonoro- el estigma gótico que se les impone a muchas bandas. Su sonido, a casi veinticinco años de haber encontrado su fundación, sigue sonando sorpresivamente actual y único. Asimismo, sus integrantes, gracias a la falta de reposo, siguen tocando con un vigor poco común en las bandas de su propia generación.
El cuarteto interpretó prácticamente cada uno de sus éxitos –quizás con un par de excepciones si acaso. ‘Silent Hedges’, ‘Passion of Lovers’, ‘In the Flatfield’, ‘God in an Alcove’, ‘Stygmata Martyr’ sacudieron el domo del Palacio de los Deportes con una intensidad feroz. Daniel Ash rescataba los sonidos que le hicieron mítico como guitarrista de la banda y éstos sonaban frescos y precisos. Pasando de la guitarra eléctrica saturada de efectos a la aterciopelada guitarra electroacústica de doce cuerdas, Ash demostró su maestría. Y ni que decir de la potente y consistente sección rítmica de Kavin Haskins y David J., sonando impecable; especialmente la batería de Haskins, la cual, para el primer encore, jugueteaba como si nada con las embotadas secuencias del delay que caracterizan el himno gótico de ‘Bela Lugosi Is Dead’. Quizás el único punto bajo en este sentido haya sido la deplorable forma física con la cual Peter Murphy se presentó. Aún cuando su voz sigue estando en perfectas condiciones, la intensa presencia física del cantante se hecho mucho de menos.
Tras el primer encore, Bauhaus regresó a escena para presentar ‘Slice of Life’ con la voz de Ash en primer plano. La capacidad explosiva de la banda se dio a notar con una pieza que podría considerarse prácticamente acústica y que curiosamente hizo que la audiencia se sacudiera furiosamente. Inmediatamente después, la estática en la guitarra anunciaba que la oscuridad entraba. ‘Dark Entries’, una de las piezas más agresivas de la banda, dio ímpetus a los miembros de la audiencia que, al frente del escenario, se revolcaban y azotaban entre sudores propios y ajenos. Para el cierre, la banda interpretó su excelente y potente versión de ‘Ziggy Stardust’, el clásico de David Bowie, y dejó a un público visiblemente satisfecho tras apenas hora y media de tocar. La clave, sin duda alguna, fue el hecho de que, ininterrumpidamente, Bauhaus presentara éxito tras éxito de su limitada, pero adorada, discografía.
Para muchos, la reputación de una banda que revive una y otra vez glorias pasadas tras un periodo tan largo de desintegración podría quedar en entredicho. Sin embargo, las electrizantes vibras de esta banda, la garra con que atacan su discografía y la apasionada respuesta del público transmiten una sensación de vigencia que por momentos hace pensar que el tiempo, para Bauhaus, jamás se detuvo.

1 comment:

Ad.Is. said...

¿Y que esperabas? Si Peter Murphy también es humano. Ni modo que saliera como Bono con playera de musculos.