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Saturday, October 27, 2007


A Bad Diana - The Lights Are On But No-One's Home" (United Jnana, 2007)

Antes de World Serpent, aun antes de Coloorta, Diana Rogerson fungió como partícipe de algunos de los trabajos más radicales de Nurse With Wound (véase "Soliloquy for Lilith"). Pero su historia se quedaría corta hasta ahí; a principios de los ochentas formó parte del explosivo dueto Stinkfist, notorio por sus escandalosos performances , colaboró con H.N.A.S. y Current 93, hizo alguna cinta de video que por su contenido Stapleton tuvo que destruir (en la época de la misma cacería de brujas que le costó el destierro a Genesis P-Orridge), y, bajo el seudónimo de Chrystal Belle Scrodd, grabó dos discos clásicos del underground de la época, "The Inevitable Chrystal Belle Scrodd Record" y "Belle D'Jour". Sin embargo, prácticamente desde entonces -a no ser por contadas colaboraciones-, esta artista sólo había ofrecido silencio.
Entre aquellos discos y "The Lights Are On But No One's Home", en el cual Rogerson ahora se presenta como A Bad Diana, hay una distancia de casi veinte años, los cuales, han ido dejando en la penumbra las posibles direcciones que la artista pudo haber seguido. Echando mano tanto de Matt Waldron, a.k.a. Irr.App.(Ext.), como del propio Stapleton, A Bad Diana propone un sonido muy similar al que empleó en sus anteriores trabajos; es decir, uno místico y oscuro, pesadillesco y opresivo, aunque decididamente menos aventurado, sobre todo por la evidente falta de presencia de la cantante. Su voz, antes elegante y aterciopelada o esquizoide y colérica, se sigue sintiendo seductora y misteriosa aunque irremediablemente agrietada.
Precisamente esto es lo primero que se debe notar; una dualidad entre encanto y defecto persiste a lo largo de "The Lights Are On But No One's Home". Dido es en este disco otra persona ;
en donde solía haber una psicosis incontrolable y un morbo pesado, conscientemente pecaminoso, ahora no queda sino una tristeza tardía y una plena consciencia mortal.
En sentido lírico, "The Lights Are On, But No One's Home" es un disco otoñal; piezas como "Notes from the Underground" refieren a una consciencia precisa de lo frugal: más que cantar, Rogerson dicta con precisión "Time taketh/And moths/And Rust... Unfulfillment/Cold at last/He needs to see you in prison/Let those who have ears listen/For if you think you are free, you cannot escape". Y dejándolas ir en líneas cerradas y resonantes como haikus, las vocales de Rogerson se extienden por entre los onirismos aurales de Waldron y Stapleton en uno de los mejores y más constantes momentos del trabajo, dejando un aroma a hojarasca seca y a alientos de sílfides juguetonas. Esta belleza inerme se extiende hasta "Behind the Curtain of the Sun" y "Chant d'Amour/Da Mort", canciones frágiles y entrañables; sobre todo la última, planteando con apenas una escueta melodía una composición amplia, repleta de fugaces caídas y sinuosas ondas fantasmales y acompañada de un inexplicable interludio psicodélico.
Pero desgraciadamente esta gracia no dura a lo largo de todo el disco. Piezas, como "Cupboardie Re-Nude" o "Asphalt Kiss", parecen haber sido compuestas digitalmente para una Nico de ultratumba, vaciando dejos de emociones en esquemas claramente artificiales, llenos de sobregrabaciones y atmósferas que quieren sonar apabullantes pero que difícilmente adquieren el poder suficiente para constituirse. "Mother" recuerda a los trabajos de Anna Wildsmith -bajo el alias de Sow-; mas donde aquella plantea narraciones sarcásticas y juguetonas bien trabajadas en sus contrastes, las declamaciones de Rogerson chocan con una extraña suerte muzak en un inusitado -por no decir inadecuado, errrhhh, momento...
En general, es evidente que Rogerson sintió requerir más ayuda de la que en realidad necesitaba, haciendo que buena parte del disco se mostrara irremediablemente intangible e incluso imperdonablemente hueca en algunos de sus momentos más cruciales. Asimismo, la selección musical en algunas piezas no reporta extrañeza o extravagancia como en sus ofertas anteriores, sino cierta cerrazón y falta de acercamiento al quehacer sonoro. Contradictoriamente, aun con todos los problemas presentes, los momentos efectivos de este trabajo hacen que al final valga la pena, pues, así, frugales y escuetos como son, sin duda, representan algo de lo más memorable que ha aparecido en este año.(S.S.)

Saturday, October 21, 2006



Current 93 - Black Ships Ate the Sky (Durtro/Jnana, Jnana 2112, 2006)

David Tibet ha sido una de las figuras más controvertidas del underground por ya algo de tiempo. Al frente de Current 93, ha ofrecido material que va del industrial más oscuro y bizarro hasta exploraciones acústicas que buscarían revitalizar la corriente del folk inglés de los sesentas. Sobra decir que el trabajo de un espíritu tan constantemente cambiante no es usualmente fácil de saborear. Para muchos, Current 93 es un gusto adquirido. Para otros tantos, no es sino superficial. Para otros tantos mera basura. "Ámalo u ódialo" parecen ser las únicas posibilidades.
En tiempos recientes Tibet ha editado algo de su material más radical, tomando en cuenta las expectativas que sus trabajos usualmente generan. Los dos álbumes de estudio más cercanos, "Sleep Has his House" -un tributo a su recientemente difunto padre- y "Soft Black Stars" -un trabajo prácticamente totalmente centrado en el piano y lleno de oscuras baladas- ya habían sido suficientemente polémicos, este último costándole, de hecho, buena parte de su fanbase. Y así, con los precedentes que ofrecen una buena cantidad de conciertos y una realineación de los participantes en el proyecto, Tibet regresa con mucho ruido a presentar su nuevo "Black Ships Ate the Sky", con la impactante inclusión del mismísimo Ben Chasny, Six Organs of Admittance, en la alineación formal de la banda.
Casualmente, la sorprendente lejanía de estilos de Chasny con respecto a la música de Current 93 ofrece una inesperada vuelta al sonido de trabajos anteriores, tales como los clásicos "All the Pretty Little Horses" y la obra maestra "Thunder Perfect Mind", siendo más claramente orientado a las guitarras y al lirismo alucinógeno de aquellos discos. Las propias letras de Tibet, aparentemente imbuídas en toda la barbaríe del presente, han regresado a los delirios (¿súplicas?) de un apocalipsis inminente, permitiendo al cantante alejarse bastante de aquella extensa exploración de sus demonios personales para analizar, con toda su imaginería y su hermético simbolismo, estos frenéticos, brutales tiempos.
Las alusiones que el cantante hace a un "Caesar" que debe ser muerto, a un autista "Imperium" que es nada, cuyo entero sentido pende del plástico y la vacuidad, se convierten en una frenética perorata que comienza con tonos mesurados y culmina con furiosas eyaculaciones, hipérboles sacadas de proporción y gritos entrecortados. Éste es un Tibet en la cima de su teatralidad, vigoroso y claramente libre, respaldado por un conjunto de instrumentistas excelentes -tanto en estudio como en directo.
La línea conductora que siempre ha ofrecido Cashmore a Current 93, desde su entrada con "Thunder Perfect Mind", no se ve en lo más mínimo disminuída por la llegada de Chasny. Las sobradas capacidades de ambos músicos, convierten a las piezas en intrincados juegos melódicos tanto más capaces de ofrecer dinamismo. Cashmore pierde un poco su usual constancia tonal, la cual pudiera dejar en ciertos temas de trabajos pasados trazas de cacofonía. A su vez Chasny obtiene algo de templanza, olvidando el añorado desgarbo que usualmente le ofrecen sus grabaciones como Six Organs of Admittance.
Asimismo, el trabajo del cellista John Contreras ofrece una profundidad enorme a la austeridad de las muchas piezas acústicas. En algunas otras, como la rabiosa "Black Ships Seen Last Year South of Heaven" o la profunda "(Babylon Destroyer)", el trabajo de los músicos se ve ampliado por el trabajo de manipulación sonora del eterno comparsa de Tibet, Steven Stapleton.
En general, el trabajo posee una cohesión similar a la de algunos de los álbumes ya antes mencionados con el gran aliciente de un sonido constantemente dinámico. Tenía miedo de ver cuál sería el resultado de tener diez versiones distintas de una misma canción en un sólo disco; me parece que mi temor era obviamente compartido por muchos de los miembros de la mailing list de Current 93. Sin embargo, la brillante lista de invitados que prestan voz y estilo a "Idumaea" en cada una de sus encarnaciones es cercana a la perfección, comenzando por la delineada e inspirada versión a cargo de Marc Almond y la paralizante y emocional de la entrega de Bonnie "Prince" Billy hasta llegar a la compleja sobreposición vocal de Anthony y a la ensoñación en voz de Andria Degens, Pantaleimon. En fin, no habría espacio para detallar cada una de estas grandes participaciones. A un grado impensable en años, el futuro de Current 93 se vislumbra abierto y lleno de posibilidades. Quizás incluso demasiadas para algunos fans; ya muchos han renegado del trabajo que el grupo ha prensado junto a los stoners de Om para Neurot. Habrá que escuchar. (S. S.)