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Monday, June 29, 2009

Aaron Dilloway/Nate Young - Red Stone Massacre (Utmarken, Utmarken#24, 2009)

Aaron Dilloway regresa a su trabajo con loops y medios no convencionales en esta grabación, la cual se realizó en Gotemburgo, Suecia este año, como parte de su tour europeo. Impedida en gran medida por la internacional, fastidiosa actitud del público -quienes aparentemente las más de las veces prefieren conversar a observar/escuchar a los actos presentándose aquí y en China-, la primera parte presenta los habituales loops de naturaleza incidental de Dilloway. A partir de esto, la presentación sube de tono, aunque conservando las características circulares. Poco a poco, las selecciones se vuelven cada vez más agresivas en cuanto a sus representaciones de feedback y distorsión pero sin dejar de lado el aspecto experimental con la inclusión de sampleos de -lo que parecen- voces procesadas. Hacia el final de la pieza, como podría esperarse, la idea de composición se ha volatilizado y sólo quedan los enormes deslaves de corrosión sónica a los que Dilloway nos ha acostumbrado. Una pieza de difícil secuencia ante una audiencia, también, difícil. Pero al final el ruido vence.
Para la otra cara se presenta el ex-compañero de Dilloway en Wolf Eyes, Nate Young. Desde el principio, éste comparte mi fastidio gritándole a la gente que se calle, ante lo cual recibe gritos, no sé si de aprobación o de confrontación. La falta de comunicación es más que obvia. El gritante de Wolf Eyes presenta un corte largo empleando sus recursos habituales: algún sintetizador vintage y electrónica casera. Los sonidos que ejecuta recuerdan bastante a lo que hace con Demons o con Hatred, pulsiones profundas y tenebrosas complementadas por sus -en este caso no muy buenas- vocales.
Al igual que Dilloway, Young se ve en buena manera diezmado por la indiferencia del público. Pero como traen reportes desde Polonia hasta los Estados Unidos, se sabe que esto es un fenómeno común: la actitud de la gente no siempre es la mejor en este tipo de eventos. Las reacciones de ambos -uno presentando un set demasiado corto y el otro regañando a la gente- son perfectamente entendibles, aunque quizás no las mejores. El material es correcto, la calidad de grabación bastante buena, la cuestión es ¿realmente habrá valido la pena documentar esto?
(S.S.)

Monday, June 01, 2009

Ättestupa (Utmarken, Utmarken#13, 2009)

Este es el primer trabajo de neo-psicodelia que reseño en mucho tiempo. Siendo franco, me encontraba algo desencantado con el género, dadas las obviedades que los artistas que se unen bajo dicha categoría se encontraban ofreciendo. Pero este cassette de la banda sueca Ättestupa -que por cierto, me enviaron por error, un afortunado error- me ha causado una fuerte impresión.
De este misterioso proyecto sólo sé que Dan Johanson de Sewer Election y alguien de Leafes participan. Pero aún con la referencia del primero, los sonidos presentes en esta cinta distan mucho de cualquier nexo sónico. Hundidos hasta las rodillas en la sustancia más espesa de la psicodelia, Ättestupa recrean un pantano de texturas angustiantes, donde los brillos se esconden y se privilegia lo hipnótico. Cada corte, alcanzando la duración entera de su correspondiente cara, busca ser el reflejo sucio de una imagen idílica.
La primera de éstas, "Tjalen" se trata de una atmósfera folk/rocker enrarecida, oscurecida por nebulosos enjambres de distorsión en un fondo discreto, aunque prácticamente permanente. Por momentos, entre la distensión de los cortes el caos parece querer mostrarse inminente. Pero el rápido reordenamiento de los elementos musicales no tarda en apoderarse, llegando incluso a alturas sublimantes, gracias sobre todo al profuso empleo de instrumentación acústica, como guitarras y flautines.
Pero que no se malentiendan estas aseveraciones; esto no se trata de un trabajo particularmente delicado. A lo largo de su correr pervade una aspereza nada discreta, un constante crujir de engranes que deja en claro que esto se trata de una retro-psicodelia o anti-psicodelia malvibrosa, cruda, bañada en un influjo de oscuridad y maldad.
"Den Stora Sjukdomen" es abiertamente más lúgubre, con la permanencia de un circundante nudo de distorsión apagada pero siempre presente y las notas de un drone en teclados que apenas se dejan contener en un movimiento de pitch lento y pendular fungiendo como marco para el desarrollo de una dinámica mitad industrial percusivo, mitad "música" a la Jewelled Antler. Tras el desenvolvimiento paulatino de esta dinámica, Ättestupa vuelven al patrón del corte y la subsecuente integración musical. Pero en esta vuelta, este supuesto está aún menos resuelto. Se trata de un tema pesadillesco, tan denso que prácticamente refiere a lo ritual y que conmina al escucha a apoderarse de una esquina y no salir de allí. La parte final es más articulada y hasta podría referir por momentos a Waldeufel y su "Heimliches Deustchland," aunque aquí se trata de un momento mucho más crudo y, sobre todo, más natural y espontáneo, siendo parte de una integración sonora profusa y compleja.
"Ättestuppa" es desde su propio empaque -compuesto por la clásica "j-card" y cuatro pequeñas carátulas que hacen las veces de portada, un compuesto sónico mágico y consistente, que explora exitosamente un mundo de sonoridad impregnado de las imágenes de las que parte. De una forma similar a lo que con maestría hicieron Earth en "HEX: or Printing on the Infernal Method," Ättestupa buscan transformar en sonido la historia jamás contada de los mitos tras las ilustraciones. El mismo nombre de la banda hace referencia a la historia aquella que narraba que los antiguos suecos tiraban a sus ancianos de las cimas de una alta montaña cuando ya no eran útiles en las labores comunitarias (el nombre de la montaña es precisamente Ättestupa).
Finalmente, he de decir que este disco ha sido el primero en consistentemente reproducir -con todo y sus innombrables altitudes- la mística de algún oscuro conjunto de krautrock o de alguna piedra angular perdida entre los escombros de discografías incontables. Éste es un disco tan bueno y extraño que lo mismo convencería a seguidores de Mouthus y Religious Knives que a otros que se inclinen por la mayor profusión acústica de Kuupuu, Avarus o Thuja e incluso otros más oscuros gustos. (S.S.)